lunes, 19 de mayo de 2014

El Santo Cáliz de Valencia. Catalina Martín Lloris





JOSÉ SANCHIS SIVERA


La primera investigación que podríamos considerar actual es la de José Sanchis Sivera, introductor de la historia del Santo Cáliz en la época moderna. Este autor sostiene, como sus antecesores, que San Lorenzo mandó el Cáliz a España porque él era español, y a Huesca, está demostrado por una tradición constante, universalmente admitida en todo el reino de Aragón.
Se apoya en el arcediano Diego Dormer, fray Jerónimo Escuela, Juan Briz Martínez, el padre Juan Bautista Escorcia, Gavanto, Diego de Castillo, Cartagena, Murillo, el padre Enrique Enríquez, Alonso de Ribera, Sebastián Barradas, Esteban Menochio, Benedicto Fidele, Luis de Flandes.
Sanchis Sivera y sus sucesores afirman que, siendo invadida España por los musulmanes, después de su triunfo en Guadalete, se extendieron por toda la península, apoderándose de las ciudades y los pueblos que encontraron a su paso. Los cristianos se llevaron sus tesoros y reliquias para protegerlos de los invasores. Lo mismo hizo el obispo de Huesca, que, acompañado de su clero, se refugió en la alta montaña, llevándose consigo el Santo Cáliz enviado por San Lorenzo y las demás reliquias, vasos y vestiduras sagradas. Sanchis Sivera asegura que el obispo Audeberto depositó sus tesoros en San Juan de la Peña, y allí fijó su residencia, ejerciendo las funciones de obispo de Aragón. Sanchis Sivera vuelve a hacer referencia a Agustín Sales cuando narra la historia de San Juan de la Peña, Sales a su vez la toma de Briz, Abarca, Morales y Blancas.
En esta misma época, Viñes hace referencia en su obra a un libro de carácter histórico de Fray Cayetano de Santa Teresa, escrito en 1725, dedicado a la República de Génova, llamado El Sacro Catino esmeralda, consagrado por Jesús en la Última Cena, en el que habla del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia. Al señalar los motivos por los que se llevó a España, asegura que se veneró durante 600 años en un monte de Aragón llamado San Juan de la Peña, hasta que se lo llevó Martín el Humano.
Sanchis Sivera afirma que la traslación del Santo Cáliz a San Juan de la Peña se hizo alrededor del año 713, cuando todavía no había monasterio, sino una cueva oculta entre las espesuras del monte Pano. En dicha cueva vivía retirado y penitente el santo ermitaño Juan de Atarés, quien, mucho antes de que los musulmanes entrasen en España, tenía edificada una pobre ermita a honra de San Juan Bautista. Según la leyenda sostenida por Sanchis Sivera, en el mismo año 713, después de la invasión mahometana, muchos cristianos fugitivos huyeron al monte Pano, donde se guardaba la reliquia y donde vivía el ermitaño Voto.
Un joven de noble familia de Zaragoza, de piedad ferviente, llamado Voto, cazando en la cima del monte Pano, en persecución de un ciervo, se halló al borde de una peña cortada a pico. La pendiente era casi vertical y el riesgo inminente. El ciervo y el caballo del cazador se detuvieron sobre el abismo. Voto pensó en la muerte e imploró el favor de Dios. Milagrosamente el caballo permaneció inmóvil, cuando el más leve movimiento hubiera bastado para que se despeñara con el jinete. Pasado el riesgo quiso Voto reconocer el precipicio, cortando el ramaje para abrirse paso, descendió con gran trabajo y llegó a una escondida cueva donde había una pobre ermita con estrecha vivienda, y junto a ella una fuente, a la cual acudían a beber las fieras. En la ermita encontró un altar dedicado a San Juan, y tendido en el suelo un cadáver incorrupto, vestido de sayal; era Juan de Atarés. Según la tradición aquella ignorada ermita existía desde antes de que cayera la monarquía visigoda. Desde entonces fue la morada de Voto y de su hermano Félix. La fama de los santos anacoretas atraía a los fieles; a su alrededor se instalaron otros, constituyendo un núcleo de santidad y vida devota que alcanzó gran prestigio entre los habitantes de aquellas asperezas.
Sanchis Sivera asegura que, en estos años, San Juan de la Peña era uno de los lugares más importantes del reino aragonés, donde se guardaban insignes reliquias y documentos de gran interés histórico.
Por esta misma época se produjo la traslación de reliquias desde Jerusalén a la Catedral de Oviedo por causas similares. El arca sagrada que contenía las reliquias que actualmente se encuentran en la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo salió de Jerusalén al ser invadida ésta por el rey de Persia, Cosroes. En el siglo VIII las reliquias se enviaron a África y allí permanecieron unos años hasta que fue invadida por los musulmanes, entonces pasaron a España, a Toledo concretamente. Desde esta capital las piezas se enviaron, durante la invasión sarracena, a una montaña de Asturias, el Monsacro, donde estuvieron escondidas en una cueva hasta que Alfonso II el Casto las colocó en la capilla del palacio dedicada a San Miguel, más tarde Cámara Santa. Como vemos la historia es similar y el movimiento de las reliquias sigue el mismo curso.

domingo, 18 de mayo de 2014

El Santo Cáliz de Valencia. Catalina Martín Lloris





VICENTE SALVADOR Y MONSERRAT, MARQUÉS DE CRUILLES:
Guía urbana de Valencia: curiosidades religiosas. El Sagrado Cáliz

Año 1876.


El marqués de Cruilles en su guía destaca que entre las importantes reliquias que posee la Catedral de Valencia, sobresale la del Cáliz en que Cristo consagró su Sangre la víspera de su Pasión. El autor destaca además el hecho de que esta reliquia haya sido tan analizada y estudiada por todos los investigadores.

Tras la introducción, el Marqués de Cruilles relata su particular visión de la historia del Santo Cáliz. Para él, la Cena Pascual se llevó a cabo en casa de Chusa, mayordomo y tesorero del Tetrarca de Galilea, Herodes Antipas, según el testimonio de San Lucas. De este modo el autor justifica el lujo con el que se desarrolló la Cena.
El autor continúa afirmando que al partir a evangelizar el mundo los apóstoles, se repartieron las reliquias, y a San Pedro se le entregó la del Santo Cáliz. Éste se la llevó a Roma donde estuvo hasta el año 258. En este año el Papa Sixto II encargó a San Lorenzo que como tesorero repartiese las alhajas de la Iglesia entre la cristiandad.
El autor destaca que San Lorenzo, al ser español, envió la reliquia del Santo Cáliz a este país, por ser la más importante, además este hecho lo acredita la carta que este santo escribió, y que se nombra en la de entrega de la reliquia a Martín el Humano. Vemos como, al igual que los anteriores historiadores, Cruilles se centra en el hecho de que San Lorenzo sea español para justificar que esta reliquia llegase hasta aquí desde Roma.
[...]
Continúa su obra afirmando que, una vez la reliquia estuvo en Huesca, el prelado de esta ciudad, Audeberto, ante la invasión de los sarracenos, se refugió con todas las reliquias en la cueva de San Juan de la Peña. Posteriormente también asegura que el rey Martín el Humano manifestó al abad del monasterio de San Juan de la Peña sus deseos de tener en la capilla de su Palacio de la Aljafería esta reliquia, y la mediación del apóstol valenciano San Vicente Ferrer y del entonces pontífice Benedicto XIII permitió que se llevase a cabo la donación en septiembre de 1399.
No aparece el paso del Cáliz por Barcelona, pese a constar en obras anteriores, y destaca que estuvo la reliquia en la capilla del palacio de la Aljafería durante 23 años. Luego Alfonso el Magnánimo se la llevó directamente a la capilla del Palacio del Real de Valencia. Más tarde, y ante una posible guerra, Juan II de Castilla, por miedo a perderla, la entregó, en calidad de depósito, a Guillem de Vich y a los representantes de los cabildos eclesiástico y secular, dentro de un cofre, que contenía ésta y otras preciosidades, con los sellos real y de ambos cabildos. Más adelante afirma que este depósito estuvo algunos años en la sacristía de la catedral, pero finalmente en 1437 el infante Juan, de orden y en nombre del rey, hizo donación definitiva al cabildo eclesiástico de Valencia de las reliquias que constituían dicho depósito, con las formalidades correspondientes y auténticas de todas ellas. El autor destaca otra posible tesis en la que se cree que la reliquia fue entregada en 1424 y que en 1437 se realizó la donación. Mezcla así los documentos existentes en la catedral, pues el de depósito de 1437 lo confunde con la donación de 1424 en la que no se encontraba el Cáliz.

En su obra también hace una descripción formal de la pieza y la caracteriza como piedra ágata cornerina oriental, transparente como el cristal y matizada con todos los colores del iris, claros, encendidos u oscuros, según la luz a que se le mira. La copa es del tamaño de una media naranja grande, de cabida de unas diez u doce onzas de líquido, de unos cuatro dedos de honda y sin adorno alguno: el pie es de otra copa invertida en posición de unos tres y medio dedos de alta y está guarnecido de rico metal y pedrería.

sábado, 17 de mayo de 2014

El Santo Cáliz de Valencia. Catalina Martín Lloris





JOAQUÍN LORENZO VILLANUEVA:
Viage literario a las iglesias de España.
T. II. Carta XIV.
De algunas preciosas reliquias de Valencia

Año 1804.


Joaquín Lorenzo Villanueva escribió un libro en el que relataba los aspectos más interesantes que había observado en un viaje por España.
Su obra comienza refiriéndose directamente al Santo Cáliz que se encuentra en la Catedral de Valencia, ya que destaca la presencia de preciosas reliquias que se conservan en varias iglesias de esta ciudad.
[...]
Una vez empieza a comentarlas, la primera es el Santo Cáliz que se conserva en la catedral, del que afirma Villanueva «se cree haber consagrado el Salvador en su Última Cena». No obstante, destaca que no es fácil señalar cómo fue trasladada esta reliquia de Jerusalén a Roma, desde donde, afirma, se cree haberla enviado a España San Lorenzo.
[...]
Villanueva toma la información directamente de Agustín Sales, tal y como señala: «Los fundamentos en que se apoyan las conjeturas sobre la traslación de este cáliz de Jerusalén a Roma, y de Roma a Huesca, pueden verse en la disertación que acerca de esto realizó Agustín Sales, impresa en Valencia en 1736», por lo que contemplaremos los mismos errores que en la anterior investigación. Villanueva afirma, al igual que antes lo hizo Agustín Sales, que la reliquia fue enviada a Huesca por San Lorenzo y depositada por los obispos de Huesca en el monasterio de San Juan de la Peña cuando invadieron los bárbaros aquella ciudad. Más tarde asegura que en el año 1399 fue trasladada por el rey Martín a la capilla de su Real Palacio de Zaragoza, donde estuvo todo el reinado de Fernando I y parte del de su hijo Alfonso el Magnánimo. Más tarde Alfonso a su vuelta a Valencia en 1424 desde Italia, y habiendo hecho traer a su palacio las reliquias de la Real Capilla de Zaragoza, antes de viajar a Castilla, las dejó depositadas en la sacristía de la Catedral de Valencia. Por lo tanto es la misma tesis de Sales, quien igualmente afirma que el 18 de marzo de 1437 Alfonso el Magnánimo hizo la donación a la catedral “de las reliquias que en ella había depositado, en cuyo instrumento se lee que una de ellas era el cáliz en que consagró Cristo el Jueves de la Cena.”
Acaba su disertación afirmando que «aún para los más severos críticos que ponen en duda la verdad de esta tradición, es este antiquísimo cáliz un monumento muy respetable de los primeros tiempos de la iglesia. Por no errar en su descripción he querido más bien enviar una copia exacta, que a mi presencia, y con el favor que debí al canónigo don Joseph Roa, dibujó el padre Fray Carlos Hernández, de mi orden, joven a quien por los trabajos que tiene emprendidos espero deberán alguna perfección en España las Bellas Artes».
[Acompaña el dibujo del dominico Fray Carlos Hernández].
También hace una descripción de las características del cáliz, describiendo que «la materia de este vaso se cree vulgarmente ser ágata cornerina oriental».
Sin embargo, Villanueva afirma que Attilio Zuccagni, director del gabinete de Historia Natural de Florencia, y médico del rey de Etruria, aseguraba que la pieza era un ónix verdadero. Pese a esta afirmación el autor no está seguro, pues el cáliz no presentaba las vetas en forma de uña que, según los naturalistas, es característico de esa piedra. El autor argumenta su tesis en que las vetas de esta copa bajan casi perpendicularmente desde el borde, formando como unas aguas, o claros y obscuros que sólo se perciben bien mirándolas a contraluz.

viernes, 16 de mayo de 2014

El Santo Cáliz de Valencia. Catalina Martín Lloris





GREGORIO MAYANS Y SISCAR:
Intercambio epistolar entre Sales y Mayans
sobre las reliquias en general y el Santo Cáliz en particular


La obra de Agustín Sales ha sido muy criticada ya desde el momento de su redacción. La escribió en la época de la Ilustración valenciana y ya en ese momento recibió críticas por parte de Gregorio Mayans, que la descalificó por la falta de rigor histórico.

[...]

La obra de Sales sobre el Cáliz, que carece de documentación directa y está plagada de leyendas, era fuertemente criticada por un ilustrado de entonces, que no era contrario a creer que el Cáliz estuviese en Valencia, sino que deseaba un mayor criterio para investigarlo.

[...]

Las cartas que hacen referencia al cáliz van desde el 31 de agosto de 1735 hasta el 4 de julio de 1736.

Mayans escribe a Sales:

 El 15 de octubre de 1735:
«¿Que sacará VM. de sacar Dissertaciones sobre cosas inciertas, pudiendo emplear el tiempo en hacerse un hombre eminente, digo, ministro evangélico?»

El 25 de febrero de 1736:
«El asunto de èsta ya dige a VM. al principio que me parece dificil de probar».

El 22 de junio de 1736:
«Amigo mio, la Dissertacion de VM. esta llena de noticias mui exquisitas, se conoce el gran trabajo que VM. ha puesto. Yo quisiera que VM. le hubiese empleado en otro asunto.
[...]
La Dissertación del Sagrado Cáliz manifiesta en VM. Una suma aplicación a recoger cuanto conduce a hacer verosímil que fue el mismo de la Cena del Señor; pero VM. Se ha fatigado en vano, porque sus mismos fundamentos lo contradicen. VM. Dice que ai tradición i no lo prueva, i de su mismo modo de escrivir se infiere que no sabe el modo de probarla... La patria de San Lorenzo se ignora i VM. Cree a los autores aragoneses que fingieron la carta de San Lorenzo para suponer la patria».

El 30 de junio de 1736:
«Sobre la patria de San Lorenzo no vale el testimonio de Morales. Mayor hombre fue Zurita i era aragonés, i si éste no se atrevió a afirmarla, cierto es que no avia tradición. Los martirologios i breviarios que la afirman, son recientes. Las tradiciones antiguas piden una serie de pruevas hasta llegar a ellas, cuya extensión es limitada en el tiempo. Vidania, Ustarroz i Dormer nada probaron, i los nuestros menos».

Sales anotó al margen de esta carta de Mayans una serie de comentarios que manifiestan su disgusto.
Ante las afirmaciones de que no prueba la tradición:
«No lo leyó con cuidado, pues se prueva con los monumentos propuestos».
Y respecto a la patria de San Lorenzo:
«No consta que los aragoneses fingieron la carta, es libere dictu».

Sales responde a Mayans:

«No consta que la carta de San Lorenzo sea fingida, los historiadores aragoneses no necesitan de ella para hacer a San Lorenzo suyo, puesto que lo es en sentir de toda España».

En cualquier caso, es muy interesante que en una fecha tan temprana como ésta se procure realizar una historia de las reliquias que se base en documentos y no en leyendas como se había hecho en este momento.

jueves, 15 de mayo de 2014

El Santo Cáliz de Valencia. Catalina Martín Lloris





AGUSTÍN SALES I ALCALÁ:
Dissertacion histórica, critica, i expositiva, del Sagrado Cáliz en que Christo Señor Nuestro consagró en la noche de la Cena, el qual se venera en la Santa Metropolitana Iglesia de Valencia.

Año 1736


Sales destaca tres cenas realizadas por Jesús la víspera de su Pasión y Muerte. Asegura que todos los cálices que usó Cristo en la cena se pueden llamar cálices del Señor y ésta sería la razón por la que pueden existir varios repartidos por el mundo. Hubo tres cenas: la del cordero pascual, la común que todos usamos y la Eucarística. En el segundo capítulo hace una amplia disertación describiendo cómo los griegos, egipcios, romanos y hebreos ricos usaban en sus convites y cenas los cálices preciosos, justificando así la utilización de una piedra preciosa cuando Cristo profesaba la pobreza. El dueño de la casa donde se celebró la Última Cena era rico y era costumbre usar piedras preciosas, y cuenta la historia y tradición de materiales, cálices, etc. En el cuarto capítulo analiza con detenimiento quién fue el padre de familia. Más tarde demuestra la falsedad de la relación entre el dueño de la casa donde se realizó la Última Cena y Cristo. En el capítulo sexto, con respecto a los diferentes cálices que existen de la Última Cena, el autor critica y describe duramente lo que él considera fue la equivocación de Calvino y los suyos. El autor se convence de que no consagró Cristo en algunos de los seis cálices preciosos que se guardan en Francia, Italia y Flandes. Finalmente concluye asegurando que el Cáliz de piedra ágata que se venera en Valencia es el auténtico en el que Cristo consagró en la noche de la Cena. Sales afirma rotundamente la autenticidad del Cáliz pese a los comentarios del Venerable Beda y su sucesor Baronio que están en contra. Dice que es el Cáliz de piedra ágata cornerina oriental y con este nombre aparece en el inventario de reliquias de la catedral que se mandó hacer en 1660. También asegura que Alfonso el Magnánimo entregó el cáliz el 18 de marzo de 1437 y que está custodiado en el archivo de la catedral el documento de entrega. En cuanto al material del que está hecho, discute las tesis de Pedro Antonio Beuter y está de acuerdo con Gaspar Escolano. Critica la afirmación de Beuter que dice que es de calcedonia cuando en los documentos se menciona que es de ágata cornerina.
Agustín Sales defiende la tesis de que el Cáliz de la Catedral de Valencia es el mismo que San Lorenzo envió a Aragón cuando repartió los tesoros de la Iglesia, y que en la pérdida de España fue depositado y guardado en el monasterio de San Juan de la Peña en las montañas de Jaca. Sales afirma que esta tesis la justificaría simplemente la tradición universal conservada en “Huesca, San Juan de la Peña y todo el reino de Aragón y su corona, como consta en el archivo del monasterio”.
[Este documento de 1399, que es en el que Sales se basa, ya estaba en esta época en el Archivo de la Corona de Aragón].
En la polémica de la patria de San Lorenzo, de la que dependía si el cáliz estuvo primero en Valencia o en Huesca, se apoya en la tradición de Diago y Joseph Dormer y en el padre Jerónimo Escuela, religioso franciscano, y en Briz Martínez, Juan de Mariana y Baronio, para decir que San Lorenzo manda a Huesca el Cáliz. Sales, con respecto a la carta que envió San Lorenzo junto con el Cáliz, afirma que, aunque hoy no existe, no se puede poner en duda, pues en la carta de 1399 del rey Martín se hace referencia a ella. También trata el tema de la equivocación que aparece en el documento de 1399, que dice que San Lorenzo manda el Cáliz y la carta a San Juan de la Peña. Justifica este error asegurando que era culpa de una equivocación del notario.
Además Agustín Sales hace mención al documento nunca encontrado del 14 de Diciembre de 1134.
Finalmente llega a la conclusión de que el Cáliz entró en la catedral en 1424 (confundiendo esta entrada con la de las reliquias de San Luis). También destaca el texto de M. S. Latino, quien aseguraba que el capellán mayor del rey Alfonso V tenía en depósito entre otras la reliquia del Cáliz y que por haber muerto éste en 1437 se depositaron en poder del muy ilustre cabildo de Valencia.
[...]
Las reliquias vendrían de Roma a San Juan de la Peña, a la Aljafería de Zaragoza y de aquí directamente a Valencia en 1424, y en 1437 se hizo la donación definitiva.
A Sales le han seguido a lo largo de la historia otros investigadores como Juan Bautista Ballester, Solórzano, Fernando Camargo, Juan Tamayo de Salazar, Marcos de Salmerón. Sin embargo, ya en su época fue muy criticada la obra de Sales por el ilustrado Gregorio Mayans.

miércoles, 14 de mayo de 2014

El Santo Cáliz de Valencia. Catalina Martín Lloris





ABAD JOSÉ BRIZ MARTÍNEZ:
Historia de San Juan de la Peña y el Reino de Aragón


En 1620 apareció la obra del abad Briz, del monasterio de San Juan de la Peña.

Este autor comienza su obra afirmando, ya en el título, que el Cáliz de Valencia es el mismo de la Última Cena.
[...]
Briz Martínez afirma que San Lorenzo fue tesorero de todas las riquezas del Papa Sixto, de los vasos y reliquias sagradas, y que dispuso de ellas enviando buena parte a su patria, que es Huesca.
[...]
Briz Martínez se apoya en los documentos para confirmar sus afirmaciones. Menciona manuscritos con fecha exacta. Sin embargo, con el incendio del monasterio, el paso del tiempo y la desamortización del siglo XIX, es verdaderamente difícil localizarlos.

De las reliquias que se salvaron del incendio encontramos un brazo de plata de San Indalecio, un hueso de San Benito, huesos de San Plácido, de San Jorge, de San Damián, de los Apóstoles San Simón y Judas, de San Asciclo, una partícula del Lignum Crucis, de la Túnica de Cristo, el cuerpo y la cabeza de San Indalecio y algunos otros.
Se desprende de su obra que entre todas estas reliquias destaca la del Santo Cáliz de la Catedral de Valencia, describiéndolo como “el Cáliz en que Cristo consagró la noche de su Pasión, que fue como su primer sepulcro, en que estuvo su cuerpo, en vida, acompañando su preciosa sangre, en que convirtió la sustancia del vino, que allí había”.

Para referir la historia de la reliquia, recurre a la Biblia, a los testamentos apócrifos y a la leyenda. Sin embargo, al describir cómo acontecieron los hechos históricos, señala que en la Cena Cristo usó dos cálices. El primer cáliz lo usó para la bebida ordinaria de la primera cena legal, y el segundo en la institución del Santísimo Sacramento y tras haber lavado los pies a sus discípulos.
Del primer Cáliz nos dice que estaba en Jerusalén, en tiempo del Venerable Beda, y se mostraba a los peregrinos que iban a visitar los Lugares Sagrados.
Del segundo, que es el que estuvo en San Juan de la Peña, por muy largos siglos, de donde fue trasladado a la iglesia de Valencia.

Briz Martínez en su disertación ya señala, en 1620, que no se sabe cómo llegó al monasterio, quien lo llevó, ni por qué camino salió de San Juan de la Peña.
El abad destaca distintas hipótesis que ya en su época se barajaban. Entre ellas, la que dice que el padre San Antonio de Yepes recibió del rey don Ramiro II la reliquia, suponiendo que hasta este momento estuvo en poder de los reyes de Aragón, en su capilla real. Este dato lo confirma un documento que nombra Briz Martínez en el que el rey Ramiro confiesa que le da a San Juan de la Peña tres villas, en compensación de un cáliz de piedra precioso que sacó de su monasterio. Según este documento, “Pro illo calice de lapide praetioso pro uno vrce fimilicer de lapide praetioso, que traxi de sancto Ioanne”. El abad de San Juan de la Peña asegura que, aunque el cáliz que está en Valencia no es de esmeralda ni de rubí sino de calcedonia, basta haber consagrado en él Cristo para llamarlo de piedra preciosa. Además asegura que el cambio por tres villas es tan importante como la reliquia. Éste debe ser el documento que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional y también lo recoge Antonio Beltrán. Sin embargo, en ningún momento se dice que sea el Cáliz de la Última Cena.
[...]
Al continuar con el recorrido de la reliquia, y basándose en Escolano, Briz señala que los españoles, desde la pérdida de España, tuvieron guardado el Santo Cáliz de la Catedral de Valencia en San Juan de la Peña. Sin embargo, no dice en qué lugar de España había estado hasta entonces ni a qué ciudad lo había enviado San Lorenzo. Escolano se equivocó en la fecha de salida del Cáliz del monasterio, como apunta Briz, ya que este autor da fecha del 27 de septiembre de 1499, cien años después. Sin embargo, y como queda bien reflejado en los documentos, la fecha es de 1399. También destaca Briz la equivocación de Escolano cuando afirma que lo dio Martín el Humano en depósito a la iglesia de Valencia. Briz destaca que a Valencia no llegó hasta 1437, como consta tanto en los documentos como ya en la obra de Diago.
El monasterio de San Juan de la Peña entregó el Santo Cáliz de la Última Cena al rey Martín el Humano. Ya menciona y transcribe Briz Martínez el documento del 26 de septiembre de 1399 en el que aparecen el rey Martín en su capilla mayor de la Aljafería de Zaragoza, el arzobispo de Zaragoza, don Antonio, y Bernardo, prior mayor de San Juan de la Peña. El monarca dio a San Juan de la Peña a cambio un cáliz de oro para la capilla que pesaba cinco marcos y una onza, conforme al peso de Zaragoza. El autor destaca que este cáliz estaba adornado de esmaltes y de otras joyas. Señala que en el intercambio el rey obligó al monasterio a que no pudiese vender ni empeñar, en ningún tiempo ni por causa o razón alguna, el cáliz de oro. Sin embargo este cáliz desapareció en el incendio. A continuación, en fecha de 1437, el Cáliz se deja en depósito en la Catedral de Valencia.
El abad defiende la tesis de que el Cáliz llegó a Huesca enviado por San Lorenzo, y no a la Catedral de Valencia, como Diago y Escolano afirman en su obra asegurando que el santo nació en Valencia. Al mismo tiempo asegura, por el documento de donación a Martín I de 1399, que se envió el Cáliz a Huesca ya que San Lorenzo era de esta ciudad, aunque en el documento conste que se envió a San Juan de la Peña. Briz Martínez afirma que el secretario que escribió y firmó el documento de 1399 se equivocó porque el monasterio aún no estaba construido en esa fecha. El autor asegura que este secretario se refería a Huesca, porque cuando se perdió España, el obispo de Huesca se trasladó a la cueva donde después se construyó San Juan de la Peña. Fue entonces cuando el obispo de Huesca se llevó consigo el Santo Cáliz a San Juan de la Peña.

Pese a existir en esta obra algunos errores, es de gran utilidad, ya que el autor no sólo escribe la historia del Cáliz basándose en los documentos, sino que la coteja con las obras de otros autores anteriores.

martes, 13 de mayo de 2014

El Santo Cáliz de Valencia. Catalina Martín Lloris





FRAY FRANCESC DIAGO:
Annales del Reyno de Valencia.


En 1613 apareció una referencia en la obra de Fray Francisco Diago.

En su análisis del recorrido de la reliquia del Santo Cáliz, Diago asegura que cuando, por orden del emperador Valeriano, el Papa Sixto iba a ser martirizado, mandó a San Lorenzo repartir los tesoros de la iglesia entre los pobres. En el tesoro se encontraba el Santo Cáliz de la Última Cena, que decidió enviar a Valencia. El autor llega incluso a reproducir el diálogo que mantuvieron San Sixto y San Lorenzo: “Adonde vas, padre, sin tu hijo...”, “... reparte en tres días los tesoros entre los pobres...”, “... y procuró entonces poner en cobro los relicarios que había de importancia, enviando a las diferentes partes, para que estando fuera de aquella ciudad...”. Diago asegura que dentro de las reliquias repartidas estaba el Cáliz de la Última Cena que está en la Catedral de Valencia.
El autor afirma que San Lorenzo repartió las reliquias y que la del Santo Cáliz, por ser la más importante, la envió a España. Esta afirmación la realiza basándose en el hecho de que en el documento de 1399 consta que San Lorenzo mandó el cáliz a su patria. Sin embargo, Diago va más allá y asegura que San Lorenzo era de Valencia y que por esta razón envía el Santo Cáliz primero a esta ciudad antes de ir a Huesca. Es la primera vez que se da esta versión. Además Diago afirma que el cáliz llegó a esta ciudad desde Roma directamente para después enviarlo a San Juan de la Peña. Diago asegura que el Santo Cáliz fue a San Juan de la Peña y que estuvo allí hasta que Martín el Humano lo pidió para su capilla de las reliquias en Barcelona en 1399. El autor asegura, ya basándose en documentación, que se le entregó la reliquia en la Aljafería de Zaragoza el 27 de septiembre de 1399. Al mismo tiempo afirma que este año es el que aparece en la escritura y no el de 1499 (que había afirmado Beuter en su obra).
Diago finaliza su investigación sobre el recorrido de la reliquia destacando la entrada del Santo Cáliz en Valencia el 18 de marzo de 1437 de mano del rey Juan de Navarra, gobernador general y hermano de Alfonso el Magnánimo, y no de Martín el Humano como creen muchos. Esta afirmación la realiza porque su antecesor Escolano asegura que el cáliz lo entregó el rey Martín a la Catedral de Valencia y que ya nunca se movió de este lugar.